EL PODER DE LAS PALABRAS (II)

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         EL PODER DE LAS PALABRAS (II) La palabra atrae a la palabra, un significante que llama, que atrae, que convoca, que está cargado de significación, que es un estímulo para que el inconsciente deje salir sus contenidos por medio de la asociación.   Brillante imagen la que promueve Lacan: eslabones de un collar que se sella en otros eslabones de otro collar... Esa es nuestra tarea primordial, para ello debemos estar preparados en tanto ser capaces de la escucha –con mayúscula – de ese significante que abre todo el camino para, que la palabra opere como se espera: levantando represiones y cancelando lagunas mnémicas.   Si se nos preguntara cuál es el significante amo, deberíamos responder cualquiera. No hay un significante privilegiado de antemano, no estamos buscando en la escucha una palabra privilegiada.      

El significante amo es cualquier palabra

  En realidad, en la escucha no se debe buscar sino dejarse ir al encuentro.   La característica de la escucha es no privilegiar nada de antemano   Entonces, nos dejaremos sorprender por la aparición de un significante que en otra historia es totalmente anodino, y que en esa historia es fundamental.        

La palabra cobra valor en el contexto de cada historia

    El consultante llega a las entrevistas y se presenta a través  y a partir del discurso del Yo, y es con el tiempo y desbrozando lo imaginario,  que en algún momento – no sabemos cuál, hasta puede ser en la primera entrevista – algo diferenciado escucharemos.   A eso que se diferencia por su valor lo llamamos significante. ¿Por qué? Sencillamente: porque significa algo y lo demás no significa nada o significa algo pero de menos valor.   Que una palabra sea llamada significante quiere decir que significa algo diferente de lo común   Pero no les quepa duda que requerimos, necesitamos, del discurso, del decir del Yo para arribar a lo que hay en el Inconsciente y en el Inconsciente no hay mas que palabras significantes – a diferencia del Yo que esta cargado de significados.   Desde el significado hacia el significante; desde el Yo hacia el Inconsciente   El trabajo del análisis es descubrir un nuevo sentido que permitirá un paso más en la reescritura de la historia   Tomemos un ejemplo. Pensemos en la palabra “mesa”, a cualquiera que le preguntemos que quiere decir mesa, es casi seguro que se referirá a un mueble que sirve para comer – mas allá de otras posibilidades.   La paciente – hiperobesa – cuenta que, durante su infancia, sus padres la ponían sobre la mesa, para jugar con ella, para cambiarla, para lo que fuese. Se le pregunta entonces, que diría ella de eso e inmediatamente asocia: “¡Que durante toda mi infancia – y aun ahora – mi padre me dijo “mi lechoncito”!” Por algo es que esa mujer es obesa como un lechón. ¿Cómo traicionar los ideales del yo de su progenitor pudiendo adelgazar?   Así vemos como la simple palabra “mesa” o “poner sobre la mesa”, abre toda una vía de sentidos extraordinarios en una historia.   “Poner sobre la mesa” es un significante pero  depende de cómo fue escuchado el analista.   ¿Cómo esta escuchando el analista? Dentro del contexto de la historia de cada cual porque no a cualquier analizante le hubieramos preguntado o pedido que asociase con la palabra “poner sobre la mesa”.   Juan David Nasio pedía en las primeras entrevistas que el consultante construyese su teoría del síntoma. A esa teoría, que se corresponde con la pregunta “¿Por qué supone o piensa Usted que le ocurre lo que le ocurre?” la llamamos teoría imaginaria del síntoma y es de gran valor porque así conocemos aquello que, hasta eventualmente, vendrá a hacer parapeto al avance del análisis.   No olvidemos tampoco que no en todos los casos – en realidad, en los menos – las asociaciones son siempre en profundidad. Las más de las veces la censura se atrinchera en asociar en contigüidad, o sea yendo de lo obvio a lo obvio.   La Resistencia trata de tomar algo importante por intrascendente.   ¿Qué hacemos en ese momento resistencial con los pacientes?  Conservamos  toda la calma de la que nos provee el interés mayor que es seguir la dirección que marca la cura e insistimos. En muchas ocasiones, el analista necesita ser un personaje insistente. Pero esa insistencia debe fundamentarse, también, en el momento oportuno y no en cualquier tiempo.      

El analista insiste pero en el momento que considera oportuno

El analista es un ser de espera y de moderadas expectativas y las expectativas tienen que ver con esperar el tiempo  adecuado para el que el significante emerja, aparezca y convoque a otros significantes.   “Poner sobre la mesa”,  es un significante amo, significantes llamados S1, un significante que produce un sujeto que es el que lleva adelante, que sostiene la acción, la acción de ese significante, sujeto que pertenece a la instancia inconsciente, sujeto en posición de verdad. Esos significantes representan a ese sujeto para otros significantes que están funcionando en las asociaciones, en las remisiones a las que conllevan esos significantes.   Lacan escribe así discurso Amo, el discurso del significante:   S1------------------S2   S --------------------a     Un significante que representa a un sujeto para otros significantes con producción de un plus de goce.   S1: Significante amo en el lugar de la acción   S2: el saber, todos los otros significantes convocados asociativamente, en el lugar del otro convocado a la acción   S: el sujeto de la acción del significante, en el plano inconsciente y en el lugar de la verdad   Objeto a: nombre del plus de goce.   Para que este discurso del significante aparezca, la condición de posibilidad es que estemos bien ubicados en el lugar del analista, en el lugar que nos marca el discurso del analista.   Y como sabemos el buen lugar del analista es el que se produce cuando hacemos esa ficción que es la de ocupar el lugar del objeto que marca un plus de goce, el objeto a.   Mayormente permanecemos en silencio, no respondemos de igual a igual, no nos especularizamos, no contestamos por la vía de la circulación del lazo social, nosotros simulamos el lugar del objeto, hacemos de  semblante. Porque desde ese lugar es que puede venir a producirse el fenómeno de la escucha y, sin duda, “mesa” fue escuchado.   Podemos preguntarnos, ¿por qué la palabra mesa fue escuchada y no oída como cualquier otra de las palabras que se estaban diciendo?   Porque “mesa” significo lo que se llama un traspiés en el discurso porque, por ejemplo, no es lo más común que alguien relate que, cuando era pequeña la ponían sobre la mesa.                                                                                                                                           "Me ponían sobre la mesa"- S1     Me decía: mi lechoncito" S2    Sujeto del Inconsciente: el que representa S1 para S2, o sea el que aun cumple esa acción de ser el lechoncito            Y un poco de goce – porque cuando alguien logra una asociación tan fructífera ahí hay un disfrute, un momento exultante porque la palabra se goza en nosotros y nos produce exaltación – que se produce por la labor significante. Ese es el goce fálico. El modo de goce que conviene al análisis. Ese es el goce al cual trataremos de convertir el goce del cuerpo: en este caso la hiperobesidad.   Desde el paciente, su discurso, que es el del Yo se dirige a un semejante y aunque nosotros estemos en otro lugar que el del semejante del dialogo, el paciente la mas de las veces, insistirá en ello.   Pero si el analista está ubicado en el lugar del Otro de los significantes,  a través de la pregunta, del pedido asociativo, convoca a otro sentido que el que está circulando por los imaginarios del discurso del Yo. Entonces, con esa intervencióna veces se logra, atravesar el eje imaginario, ¿con qué? Precisamente, con una palabra plena – donde todo el resto del discurso se confirma como vacuo – y del mismo modo que en el caso del discurso amo, o significante, produce la formación del inconsciente, la realidad del inconsciente se abre y deja emerger sus productos.   Esto ocurre cuando la transferencia esta funcionando porque este es un modo extraordinario de ver como se transfiere, además, un modo imaginario en otro simbólico.                

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