LA SUBJETIVIZACIÓN

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LA SUBJETIVIZACIÓN Enrique C.   OBJETIVO.- Podemos empezar diciendo que todo el proceso de la subjetivización, se trata de un doble movimiento de construcción y deconstrucción, como luego veremos. Si bien vamos a tratar de comprender el proceso de subjetivación desde el punto de vista del sujeto, de su organización interna, es importante recalcar que solamente se puede producir en un espacio intersubjetivo. El espacio intersubjetivo es aquel donde el sujeto se constituye, y también es el espacio en el cual, según la fórmula de Piera Aulagnier, el yo puede advenir.
El yo sólo puede advenir en los vínculos, o sea, en un nosotros.
  EL COMIENZO.- El recién nacido depende virtualmente de su grupo y el grupo suele tenerle preparado un lugar. Al principio el bebé succiona y se mueve activamente, pero depende para satisfacerse de los objetos que el grupo le proporciona y solo va a poder pedirlos si entra en el código que rige al grupo. Más adelante deberá aprender a procurárselos. Él, que en su indefensión primaria lo recibía todo del otro, descubre que este no está siempre pendiente de él. Sentir que la respuesta a sus necesidades no es siempre inmediata le separa del otro y va distinguiendo que el grupo está formado por diversos otros.
Esa carencia, esa percepción de agujero en el otro tiene una importancia central, porque es uno de los pilares en los que se apoya la construcción de la subjetividad, como luego veremos.
Para hablarle al otro hay que separarse de él. Se trata de un movimiento de doble dirección. Por un lado, se diferencia, se hace alguien, emprende el camino que le conducirá a poder decir “yo”. Por otro se deja atrapar por las leyes y los códigos del grupo.
Diferenciación y socialización coinciden.
  La constitución de la subjetividad y la adopción de determinadas vías para relacionarse con los otros se juegan en un solo movimiento: se trata del duro camino que cada humano debe recorrer para empezar a poner a funcionar sus potencialidades. Construirse una imagen de sí mismo y empezar a moverse de una forma determinada, dominar su organismo y construir un cuerpo propio son movimientos simultáneos. Y de ahí que los mecanismos de los que dispone el hombre en potencia para la tarea de su propia humanización y aquellos de los que dispondrá más adelante para relacionarse con los otros seres humanos en el mundo son los mismos. Por lo tanto no hay nada de lo que sucede en los grupos que no tenga su fuente en el corazón de los hombres. EL NUDO.- La subjetividad humana se considera el resultado del anudamiento de tres cuerdas: el cuerpo, el lenguaje y la imagen. El cuerpo.- el hombre solo conoce su cuerpo de forma directa a trocitos, y sólo desde fuera lo ve entero: mediante el espejo, una foto, o cuando se ve reflejado en la mirada de algún otro. Para adueñarse de él, el niño tiene que recorrer un camino y solo lo va a lograr cuando su cuerpo está firmemente capturado por las imágenes y las palabras. Las imágenes.- van a proporcionar una cierta cobertura, como un saco o funda dentro de la cual puede embolsar su propio cuerpo, es lo que le va a dar contorno, en definitiva es lo que va a hacer que podamos reconocer nuestro cuerpo como propio; y esto viene posibilitado por otro que al mismo tiempo que le lanza mensajes, lo cuida, lo toca y lo alimenta.
Alguien señala: “ese eres tú”, lo que le permite abrochar su cuerpo a esa imagen.
Las imágenes se registran por medio de la imitación, de la rivalidad, de la idealización y de la decepción. La imagen del otro es el primer ideal, es la primera vez que el niño puede decir “eso quiero llegar a ser”. En este momento la diferencia es amenazante y la identidad tranquilizadora. Solo de esta manera puede entenderse por qué la pertenencia al grupo da a sus miembros un sentimiento de exaltación, aunque también de fanatismo, racismo y segregación. Las palabras.- El lenguaje es tan importante para la construcción de la imagen, como lo es para la relación con el otro. Este registro es el que hace posible la articulación de los otros dos.
El lenguaje es que hace posible que el “ese eres tú” funcione.
El lenguaje hace posible que la relación con el otro vaya más allá del binomio fusión-destrucción. En este registro de las palabras se encuentra el límite de la completud. Para que un pacto o un compromiso sea operativo es necesario que cada uno de los que lo subscriben renuncie al ideal de completud. Un pacto se funda en el reconocimiento de la existencia del otro. El hombre necesita encontrar las palabras que lo definen, hacer sus reflexiones y formular sus deseos, esto le va a posibilitar construir ideales y encontrar su  lugar con los otros. La  incorporación del lenguaje implica que el sujeto quede atrapado para siempre;  identificación que será de un color distinto a la que se registra en las imágenes. Una desde lo imaginario (yo ideal), la otra desde lo simbólico (ideal del yo) Salir de la impotencia primordial es paralelo a la colonización del cuerpo por el lenguaje. Para hacerse una idea de sí mismo, el pequeño necesita del lenguaje que al principio está en el otro. EL GRAFO.- La última vez que nos vimos, entonces usábamos el grafo del deseo para hablar del fantasma,  nosotros dividimos el grafo completo del deseo, verticalmente, y pudimos ver como en el lado derecho del corte, nos  quedaban todas las operaciones referentes al Otro y como en el lado izquierdo las referentes al sujeto, cómo el sujeto fue subjetivizando las operaciones del Otro.                                            Ahora vamos a volver a usar el mismo grafo, para dar cuenta del proceso de subjetivización. esquema 2 Si recordamos al nieto de Freud, decía ooo-aaa y Freud suponía, traduciendo ese ooo-aaa,  que el nieto decía fort-da; y esto apuntalado en un carrete. Entonces ahí donde Freud dice presencia-ausencia; el niño no está diciendo eso; el niño dice lejos-cerca pero él todavía no tiene léxico, no tiene las voces para poder decir presencia-ausencia; porque todavía no está inmerso en el código. De momento hay un otro que le va traduciendo y va significando sus balbuceos, ruidos… Es un momento en el que el niño se dirige por el principio del placer. Lo que se va inscribiendo es la matriz de las operaciones del lenguaje, es decir la diferencia entre el ooo y el aaa. 1 El significante que queda inscrito es el significante de la diferencia, el cual está apuntalado en dos imágenes acústicas y un juego perfomativo con un carrete. Si yo quito ooo, desaparece aaa. Si quito el si desaparece el no. Una parte le da la existencia a la otra, esa es la matriz de las operaciones. Esto es importante, porque el lenguaje es mucho más que las imágenes acústicas, la forma de vestir es lenguaje y las señas es lenguaje…
El lenguaje es mucho más que las imágenes acústicas.
En el primer piso del grafo, Lacan va a dar cuenta como el sujeto queda, mediante el significante, alienado al Otro. El va a describir este proceso mediante el estadio del espejo. 2   Lacan en el estadio del espejo dice que hay dos operaciones que son constituyentes del yo. Que es el moi y el je. El niño en el espejo, lo primero que ve es a otro, ese otro, antes que se constituya el imago, es un adversario a quien odio porque mi mamá lo desea, por lo tanto, lo que miro es el deseo de mi madre que está mirando a ese otro, (Lacan va a decir que el mecanismo de defensa del yo es la agresión) después el niño descubrirá que ese otro es él. Cuando descubro que ese otro soy yo, ese otro soy moi. ¿Qué es el moi? La posibilidad de que haya algo que tiene orden, sentido, soporte. Si yo tengo un collar de perlas la posibilidad de que eso sea, es que haya un hilo que vincule a cada una de las perlas, el hilo puede no valer nada pero es la condición, la posibilidad de que haya un collar. Esa condición de posibilidad es el moi. El moi es el hilo que hace que todos los “jes” estén articulados. El moi hace que esos “jes” fragmentados tengan sentido. Hay que añadir que hace falta que haya otro para que todo esto pueda advenir Lo que propone Lacan es que hay una imagen i(a), la imagen del espejo, es decir la imagen de otro, de ese otro que va a constituir el moi (m) Para que sea posible la imagen que va constituir al otro, que es moi tiene que haber un soporte, y aquí aparece el gran otro completo (A) y en el otro lado el significado del gran otro completo S(A). ¿Qué es lo que atraviesa este circuito? En un lado pone Lacan la voz y en el otro el significado. 3 Al tiempo que el sujeto se identifica con un significante que determina su vida, acaba atrapado por ese significante; pero también hay otra vía de identificación, la imaginaria, la cual tiene que ver con la imagen: “el yo imaginario se forma en el interior del yo simbólico”; no se trata de comprender el advenimiento de lo imaginario y lo simbólico como dos tiempos diacrónicos distintos, sino como el advenimiento de dos modos intrincados en una misma experiencia. La imagen del otro i(a), queda articulada al moi. En todo este proceso hay algo de vital importancia y es que a medida que el Otro va dando significado a las “palabras” del niño, entra en el circuito del deseo y entonces surge la pregunta: “¿qué me quieres?”, al mismo  momento en que uno se queda atrapado a ese deseo. En el momento en que aparece la pregunta, es porque lo que se está articulando es el deseo, pero  el deseo no tiene un sentido unidireccional. 4
Entonces, aparece el deseo y por lo tanto la pregunta; y sabemos que si hay una pregunta hay una falta y esa falta opera en el Otro, ese es el lugar que yo tengo en el mundo.
La falta en el Otro es el significante de la falta del Otro. Vemos que hay una paradoja, el sujeto del inconsciente está sujetado y al mismo tiempo se estructura en ese sujetamiento. Si ahora recordamos el primer esquema, cuando dividíamos verticalmente el grafo del deseo y donde a la izquierda quedaba como el sujeto va subjetivizando las operaciones del gran otro (A); podemos ver como el  proceso de construcción de la subjetividad, es el proceso de devenir sujeto singular y en ese proceso el sujeto recompone incesantemente su historia a medida que se subjetiviza. Y de esa manera es que la subjetivización es un proceso de cambio constante. Por un lado rompiendo con las identificaciones atrapantes y al mismo tiempo intentando dar cuenta del deseo del Otro, huella que deja no ya el objeto perdido sino el vacio de esa pérdida. Lo que explica la frase de Lacan; “el sujeto está fundamentalmente dividido por el significante”. En tanto que no habrán significantes que puedan venir a taponar esa falta, es que el sujeto no va a encontrar ningún significante que lo designe en forma absoluta. El sujeto del inconsciente solo puede hacer acto de presencia en el decir fallido, en el sueño o en el síntoma. Por eso es que el efecto de sujeto viene con la sorpresa e incluso con la molestia de lo inesperado y desconocido de sí mismo, es un auténtico ataque narcisista.
Lo que motiva a Lacan a postular al sujeto como una “falta en ser”.
Con todo esto ya podemos decir que más que una construcción todo este proceso conlleva una desconstrucción, donde uno tiene que hacerse cargo de la propia singularidad. CONCLUYENDO.- Según Piera Aulagnier, el proceso de subjetivización va desde los enunciados identificatorios propuestos desde los otros, a la posibilidad de enunciar los propios, camino de lo singular y de lo incierto. Para esto, la posibilidad de historizarse, de ir simbolizando las propias condiciones de producción subjetiva, resulta esencial. El yo deberá entonces “escribir-construir la historia de su propio pasado para que su presente tenga sentido y para que el concepto de futuro le resulte pensable”; es por lo que la construcción implica a la vez una operatoria de deconstrucción de versiones precedentes, identificaciones selladas, sentidos fijados, alienados a nivel del pensamiento, en aras del recuerdo, la elaboración y la disponibilidad a lo por-venir.
Desde esta perspectiva, el proceso de subjetivización posibilita un movimiento de apertura hacia la enorme complejidad de la vida psíquica, subjetiva y vincular. Apertura que hace lugar a lo nuevo, a la creación de lo que aún no está.
 

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