Entradas y salidas del análisis III

Estamos en la recta final de este seminario al que hemos llamado “entradas y salidas del análisis”. Tal vez el curso próximo hablemos de los problemas cruciales del psicoanálisis, Lacan invirtió todo un seminario, el XII, para este objetivo. Creo que hoy Lacan hablaría de otros problemas o por lo menos de otros más; ahora tenemos estos análisis por internet, hay app para analizarse.

Hoy voy a intentar dar cuenta del final del análisis haciendo un recorrido a través de la interpretación, de sus diferentes momentos y modos. Pero la verdad es que en nuestro último encuentro vi demasiadas caras raras y eso ha hecho que haga un alto en el camino y que hoy empecemos hablando del fantasma en Freud; ya sé que Freud nunca habló de fantasma, por lo menos no directamente. Para ello voy a basarme en una conferencia de Dario Groel.

Hablar de fantasma es entrar en las coordenadas lacanianas, ya que Freud a lo largo de su obra no se refirió al fantasma, por lo menos de forma directa, él hablaba de fantasía.

Tal vez el texto de referencia es “pegan a un niño”, allí Freud se acerca mucho a lo que luego Lacan tomará como las coordenadas fundamentales del fantasma.

¿Qué es el fantasma?

Es un modo de relación entre el sujeto con el objeto. Esta es la fórmula lacaniana. La misma fórmula de Lacan ya da cuenta de esta relación, pero ya les adelanto que es una relación imposible.

Esto es algo que se ajusta al no hay relación del Lacan de su última enseñanza. No hay relación absoluta o total en ningún campo de relación del sujeto. En el psicoanálisis todo queda situado en las coordenadas de lo imposible.

Ya Freud se encargó de decir que la práctica del psicoanálisis, en tanto que no hay totalidad, cerramiento, siempre es en relación a un resto que abre toto el tiempo a un seguir pensando, o a un seguir analizando…

El fantasma también es una relación imposible, es una relación entre el sujeto y el objeto pero es imposible, aunque eso no quiere decir que no sea posible ver lo que encadena esa imposibilidad. Lo imposible no excluye lo posible.

Entonces el fantasma tiene gran parte de posibilidad pero también un reto imposible.

Siempre va a haber un real que resiste.

Además la relación entre el sujeto con el objeto es una circulación entre el amor, el goce y el deseo.

El fantasma anuda amor, goce y deseo.

Ese modo de relación entre el sujeto y el objeto que incluye cierto nudo entre el amor, el goce y el deseo da cuenta finalmente que el fantasma soporta una satisfacción pulsional (goce).

El fantasma pone en juego una satisfacción pulsional, nos dice por donde circulan los goces del paciente.

Poder leer una clínica del fantasma nos permite poder intervenir sobre el goce de nuestros pacientes, pero no solo sobre el goce, también sobre el amor.

El fantasma va a situar la modalidad del amor de un sujeto. Pegan a un niño es un texto que define de que se trata el amor en la relación neurótica de un sujeto. La frase a la que llega Freud, mi padre me pega porque me ama, anuda el masoquismo con el amor, Freud pone un saber hacer con la pulsión de muerte, el fantasma pacifica la pulsión de muerte (goce), entonces cierta cantidad de dolor inherente  a la subjetividad puede ser leído en coordenadas del amor y entonces se vuelve insoportable. El problema es cuando el fantasma fracasa.

En relación al deseo, el fantasma es el soporte de las posibilidades deseantes del sujeto.

El fantasma es como la sombra del objeto, el objeto a en términos de Lacan y el objeto de la pulsión en términos de Freud (lo oral, anal, fálico). El objeto de la pulsión también es el objeto lacaniano que además el agrega la mirada y la voz. Son los objetos del goce, pero también son los objetos que causan el deseo.

Si alguno intenta hacer psicoanálisis sin topar el fantasma seria…no sería, ¿Cómo hacer psicoanálisis solo con la clínica del síntoma? La clínica del síntoma es fundamental pero si no se enlaza en simultáneo a la clínica del fantasma no situamos en ningún momento la cuestión del amor, el goce y el deseo.

Es importante situar l subjetividad en las coordenadas R-S-I

Si solo escuchamos un discurso y solo escuchamos palabras no situamos nunca el anudamiento R-S-I

Nosotros escuchamos el  discurso de lo simbólico, pero también escuchamos el despliegue de lo imaginario, pero también soportamos la irrupción de lo real, en simultaneo. NO se trata solo de palabras.

En la clínica actual todo el tiempo escuchamos subjetividades que nos dicen como están afectados por cierto automatismo de la palabra que les invade,  por cierta invasión de lo simbólico y también por cierto dolor real por existir.

Existir no es una tarea liviana, sobre todo cuando llevamos malas temporadas.

Si a un paciente le decimos deje en la puerta su real y su imaginario y aquí venga solo a hablar, entonces el no va a poder hablar sobre el amor, el desamor, sobre los encuentros y los desencuentros…porque solo serían palabras abstractas.

Nuestra trama como sujetos es R-S-I

El fantasma es el mejor lugar, mejor que el síntoma, para trabajar la subjetividad.

En el síntoma se trabaja más lo simbólico, como decía Freud se trata de represión y retorno de lo reprimido.

El fantasma es lo  más propiciatorio para dar cuenta de lo existencialidad R-S-I, una subjetividad viene a consulta y nos dice: mi simbólico me está torturando un poco, mi imaginario se me está yendo a la mierda y lo real duele demasiado.

Y nosotros le decimos: háblame de ese simbólico que te tortura, de los pensamientos obsesivos y de los síntomas histéricos, pero también háblame de ese dolor que duele demasiado y también porque te está estallando el imaginario; porque el imaginario es esencial, es la marca de situar el campo subjetivo.

Cuando uno tiene el imaginario más o menos puesto, está adecuado, situado a cierto despliegue de su vida y cuando el imaginario se trastoca estamos perdidos; el fantasma se vuelve perturbador y hace que se pierdan coordenadas existenciales, uno no sabe dónde ir, ni sabe que querer…hay una sensación de pérdida que tiene que ver con cierto desorden imaginario; lo llamamos momentos de crisis, momentos de duda…

 

Voy a situar tres momentos en la obra de Freud que nos van a guiar en este recorrido del fantasma.

El primero alojado en la primera tópica, las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad; el segundo en torno a la metapsicología con el texto “pegan a un niño” y el tercero con su texto “el masoquismo”.

En el primer momento Freud coloca a la fantasía el nivel de las formaciones del inconsciente. Son operaciones que incluyen la represión (de alguna representación) y el retorno de lo reprimido (retorno de un texto que se puede interpretar).

Todas las formaciones del inconsciente poner en juego la verdad de un sujeto. En este texto Freud dice que la fantasía es el proceso de una represión y por lo tanto la fantasía termina mostrando cierto deseo que es reprimido no tolerable por la conciencia que aparece vía texto de la fantasía.

Freud va a colocar las fantasías en torno al principio del placer y esto es lo que va a diferenciar este primer momento de los siguientes.

Freud va a decir que todas las fantasías son eróticas, las mujeres de forma directa y la de los hombres pasando por las fantasías ambiciosas.

Si todo esto fuese así, todo sería muy sencillo, estaríamos regulados por el principio del placer y este regularía lo cultural, lo social…donde encontraríamos una lógica posible de acomodar nuestra existencia al placer.

Pero Freud se encuentra con que esto no resiste, él descubre la verdadera existencialidad del ser, lo sitúa en los textos que anticipan la segunda lógica y se despliega en el “malestar de la cultura”, ahí nos recuerda que no se trata únicamente del placer y que vivir implica renunciar al placer y encontrarse todo el tiempo con otro modo de la satisfacción que supone una lógica diferente, que es la pulsión de muerte.

Pero en este momento Freud no está en este punto.

Aquí el dice que la fantasía es causa del síntoma. inicialmente la fantasía está en el origen de la formación del síntoma. Si la fantasía funciona no habrá síntoma.

La fantasía tiene función reguladora del aparato psíquico y cuando la fantasía no alcanza a recubrir la castración se producen los síntomas. Si no damos cuenta Freud va a situar a la fantasía como un regulador entre lo real y lo simbólico, es decir como un imaginario.

“inicialmente hay un onanismo repetitivo, motriz que repite, sin texto, sin significación y que la fantasía viene a soldar y entonces hace que esta masturbación inicial infantil que es solamente un acto reflejo tome una significación que queda situada en el principio del placer y entonces eso que era solamente un acto motriz, un puro real quede como un texto suficiente que conduce hacia el Edipo”.

Si no estuviera la fantasía, el onanismo reflejo de la primera infancia seguiría compulsivamente, sin texto que le permita alguna significación en lo edípico.

Este primer momento es una de las caras de la fantasía; la cara imaginaria que  hace nexo entre lo real y lo simbólico. Y que es causa del síntoma dentro de las coordenadas del principio del placer.

“De esta manera en verdad es desecha la deshabituación del onanismo y la meta última de todo proceso patológico, o sea restablecer la satisfacción sexual en su momento primario, si bien nunca se consuma así, es alcanzada en una suerte de aproximación”.

Nunca se consuma la satisfacción placentera, entonces la fantasía se sitúa en la coordenada del principio del placer pero nunca es toda situada ahí. El ya está diciendo que hay un imposible.

En el segundo momento Freud avanza en sus concepciones que van a dar límite al principio del placer. El concepto del narcisismo y el del punto económico del inconsciente.

En “recordar, repetir, elaborar…” Freud dice que no alcanza solo con el campo de las representaciones sino que también hay que pensar con eso que repite compulsivamente (la compulsión a la repetición).

La formula de que hay que hacer consciente lo inconsciente encuentra aquí un límite porque además de hacer consciente lo inconsciente, Freud va a decir todo el trabajo con lo real de la pulsión que nos llama vencer las resistencias y de hecho va a decir que eso es lo más difícil en un análisis.

Aquí Freud dice que la clínica tiene que ver con las representaciones, lo simbólico en Lacan, pero también  con lo real de la pulsión.

Lo que en Lacan va del SsS al semblante de objeto a. En Freud va de hacer consciente lo inconsciente a vencer las resistencias.

Con todo esto Freud empieza a darle otro estatuto a la fantasía. El empieza a hablar de la fantasía en torno a lo traumático.

“Pegan a un niño” lo que va a decir es que no es necesario que haya acontecido una vivencia traumática del orden de lo real que es suficiente con que se haya fantaseado y además la fantasía tiene una estructura. Es una estructura en tres tiempos.

Freud dice que una cosa es fantasear y otra pensar la fantasía como una estructura en su mayor parte inconsciente. Además Freud sitúa la fantasía entre el placer y la repetición. La fantasía va a estar como un enlazador del placer, vía recordar y del repetir, vía lo compulsivo.

Por una parte la fantasía muestra lo compulsivo y por otra parte muestra la formación del inconsciente.

La fantasía no únicamente como una producción del inconsciente efecto de la represión (lo simbólico); también tiene que ver con la repetición compulsiva que incluye el inconsciente pulsional (de muerte).

No podemos ya omitir el que hay una parte de la fantasía que es imposible a lo simbólico.

“El segundo tiempo en ningún momento es recordado…”

Hay un tiempo que nunca sucedió pero hay que suponerlo, “se trata de una construcción en análisis”.

Hay una parte que nunca sucedió por lo tanto no pasa por las representaciones, por el significante lacaniano. Hay un núcleo del fantasma que es real y que es imposible ser tomado por el significante; por lo tanto no todo es efecto de la represión, hay una parte que es el inconsciente pulsional por eso todo el fantasma no puede ser interpretable y que se repite sin saberlo.

El paciente formula la primera parte y la tercera pero no la segunda, aunque Lacan va a insistir en decir que eso es trabajo del analizante y que se requiere de cierto silencio por parte del analista.

Lo cierto es que Freud habla de construcción, pero ¿por parte de quien, del analista o del paciente?

Lo cierto es que hay que construirlo o termina siendo inabordable.

¿Cuál es la construcción que hace Freud? Te pegan porque te aman. En algún momento eso del goce del Otro, el padre que pega, es a la pulsión de muerte encarnado en la figura del Otro (el padre que pega).

Ese padre que pega es una forma de decir que en la estructura hay una cantidad pulsional que es tanática; es la manera de construir un nudo entre la pulsión masoquista y el amor, porque si no se construye se relanzará la posición masoquista sin posibilidad de lectura amorosa.

Porque si el otro me pega y mi satisfacción pulsional de muerte es ser pegado por el otro todo el tiempo, si esa es la satisfacción que triunfa y no se anuda en el amor estamos en problemas.

Freud se va a da cuenta que eso es la perversión.

El amor te lleva a una lógica diferente.

El neurótico salva la figura del otro poniéndole cierto enunciado del orden del amor y entonces se pacifica la pulsión de muerte. Pero esto es un real que hay que construir en el análisis.

EL tercer momento es cuando Freud eleva la clínica a la pulsión de muerte. Freud dice que todos tenemos una cantidad de pulsión de muerte que se expresa en la clínica como una posición masoquista. Hablo del masoquismo primario inherente a la estructuración de la neurosis, todos tenemos nuestra cuota masoquista.

El masoquista está siempre, en todo momento anudado en cualquier momento de placer.

A todos nos satisface más o menos pasarlo mal.

“se quiere siempre un poco más”.

En este texto Freud deja a la fantasía del lado del masoquismo, la fantasía es un texto que intenta situar la satisfacción masoquista, la satisfacción de la pulsión de muerte, con cierto relato que pueda entrar en la secuencia del principio del placer, es decir que la fantasía se crea en la pulsión de muerte y su función es pacificadora.

Entonces él empezó colocando a la fantasía en el placer y ahora la coloca en la pulsión de muerte.

“toda fantasía tiene un núcleo de pérdida que es el núcleo de la fantasía y que se rearma para apaciguar la pérdida”.

Cuanto peor lo pasa uno más catastróficas son sus fantasías.

El masoquismo es un modo de perpetuar la escena edípica, nosotros como niños díscolos somos castigados y buscamos ciertos lñimites

Cerramos este paréntesis en el cual hemos hablado del fantasma y retomamos nuestra senda, hablando de la interpretación o mejor dicho de las interpretaciones

En Freud.-

Desde los orígenes del psicoanálisis, la interpretación se halla presente.

En 1895 y en el texto “Estudios sobre la historia”, el objetivo era hacer surgir los recuerdos patógenos inconscientes.

En 1900 en su texto “la interpretación de los sueños” introduce un nuevo método en la técnica analítica, abandona el método de la hipnosis, reemplazándolo por la asociación libre y comienza a observar que en el devenir de las asociaciones los pacientes comienzan a relatar sueños, a partir de los cuales surgen nuevas asociaciones. De esta manera Freud inventa un método a través del cual se aborda el trabajo del sueño desde un abordaje simbólico, pues el trabajo analítico consiste en hacer decir el sentido de los enigmas.

Así la interpretación en este momento opera relanzando el discurso asociativo y descifrando el enigma del sueño.

El método interpretativo produce un pasaje de la significación al sentido.

Una vez establecido el método analítico, Freud tropieza con la cuestión de la transferencia en tanto obstáculo de la tarea del desciframiento.

Aquí se instaura la importancia de la posición del analista, el cual deberá maniobrar en la transferencia y operar con la interpretación.

En cuanto a las reglas de la técnica, Freud se va a preguntar cuando hacer las comunicaciones al analizado. Este interrogante encuentra su respuesta en “sobre la iniciación del tratamiento “ (1913) cuando dice: “no antes de  que se haya establecido en el paciente una transferencia operativa, un rapport en regla”. Sostiene que hay que proceder con cautela para no comunicar una solución del síntoma o traducción de un deseo antes que el paciente esté próximo a ello, ya que, según Freud, la comunicación prematura despierta resistencias.

En 1925 en “algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños”, se va a preguntar por los límites de la interpretación, él se  va a preguntar si es posible brindar una traducción completa. En este punto él dice que es difícil decidir si una interpretación es “completa” y segura, no solo porque la tarea de interpretar es  parcial, sino porque también existe un límite a la interpretación, el ombligo del sueño.

Se trata entonces de un núcleo de lo reprimido primordial, lo Real, lo cual va a conducir a Freud a la construcción.

Finalmente en 1937 en “Construcciones en el análisis”,  Freud plantea que la tarea del analista consiste en colegir lo olvidado desde los indicios que esto ha dejado tras de si, construirlo. El analista extrae sus conclusiones de jirones de recuerdos, asociaciones y exteriorizaciones del analizado.

La interpretación es entendida como aquello que uno emprende a partir de un elemento singular del material: una ocurrencia, una operación fallida etc. A diferencia de la construcción que es considerada como una conjetura.

Concluimos diciendo que es el tope de lo Real de la castración lo que pone un límite a la interpretación freudiana.

En Lacan.-

Lacan comentará una interpretación del principio y otra del final. La interpretación es crucial no en el momento de apertura del inconsciente sino en el de cierre, cuando aparece el goce que designa una implicación subjetiva como obstáculo al desarrollo de la cadena.

En 1953 en “Función y campo de la palabra y el lenguaje”, Lacan ubica la cuestión de la interpretación a nivel de la técnica, situando la experiencia analítica como una experiencia de la palabra, la cual está sostenida por la estructura del lenguaje. Lacan en este momento entiende que la función del lenguaje es la de evocar y es en relación a esta evocación que él va a situar la interpretación. La función del lenguaje no es informar sino evocar. Lo que se busca en la palabra es la respuesta del otro, el reconocimiento por parte de ese otro, sino mi pregunta lo que me constituye como sujeto.

En este momento la responsabilidad del analista será no la de rechazar o aprobar su discurso sino la de reconocerlo o abolirlo como sujeto. La intervención apunta al S2, subrayando o cristalizando la significación; no obstante aquí también señala la función del corte, el cual interrumpe la cadena aislando el S1.

En 1958 en “la dirección de la cura y los principios de su poder”, alude a la función metafórica de la interpretación, la cual intenta hacer aparecer algo que se desliza en la metonimia, y que aparece en la medida en que la deriva es detenida, y en la relación metafórica con otros significantes que pueden venir a sustituir y producir un nuevo sentido.

Para encontrar el significante que le falta al sujeto en su dicho retoma la interpretación a la letra, letra que tiene que ver con lo que se lee. La interpretación concierne al deseo y no a la demanda.

Pero no podemos olvidar la incompatibilidad del deseo con la palabra, con lo cual debemos interpretar algo que es incompatible con la palabra. Esta incompatibilidad significa que el deseo inconsciente no se puede subjetivizar, no se puede decir “ese es mi deseo”.

La interpretación, pues, se dirige a que el sujeto se considere como deseante. Aquí la interpretación apunta a la falta en ser, desplegando su vertiente alusiva, dirigiéndose a no producir identificaciones falsas.

En el seminario 11, dice que la interpretación no está abierta en todos los sentidos ya que no se trata del vínculo de un significante con otro significante, no se trata de hacer surgir cualquier significante sino el significante irreductible, hechos de sin-sentido. Se trata de que más allá de la significación el sujeto vea a que significante irreductible está sujeto como sujeto.

En el seminario 17, habla de la cita y del enigma, ahí va a considerar que lo que define la estructura de una interpretación es “un saber en tanto que verdad”. Verdad que es un enigma.

La cita y el enigma, en tanto participan del medio-decir, constituyen el medio con el que interviene la interpretación.

 

Si bien a partir del seminario 17, “el reverso del psicoanálisis”, encontramos referencias al valor que la verdad adquiere en la cura, de la imposibilidad de decirla toda, lo que constriñe al analista a medio decirla; en los principios Lacan apostaba por dar todo el aporte interpretativo al poder de lo simbólico.

A lo largo de su recorrido interpretativo nos encontramos con estrategias como:

La construcción.- construir con los fragmentos inconexos del paciente algo coherente, introducir un enlace entre ellos que vengan a sustituir el recuerdo que falta. En un segundo momento se podrán comunicar las construcciones, realizadas por el analista, total o parcialmente, al paciente.

Y  si son acertadas relanzarán nuevas asociaciones, las cuales vendrán, normalmente, con un efecto de división subjetiva desde la extrañeza o incluso desde la angustia.

Lacan va a proponer no comunicarle al paciente las construcciones, sino darle solamente algunas herramientas, para que el paciente pueda por si mismo construir.

La puntuación.- donde se subraya un momento significativo. Es una intervención que apunta al S2, a veces produce una cristalización de la significación. Se puede tomar como equivalente a la escansión. Consiste en puntuar el texto del analizante que precipita una elaboración de saber.

No obstante Lacan cada vez va haciendo más hincapié en lo Real; y la interpretación va dando un giro hacia el sin-sentido.

El corte o escansión.-   Interrumpe la cadena, separa los S1. Impide el cierre de la significación y normalmente produce un efecto de perplejidad, en la manera en que produce un efecto de sinsentido. La escansión puede producir una presentificación de lo real, al introducir para el paciente un “no he dicho todo”. La interpretación no apunta al significante sino al goce. Lo que importa es el manejo del corte en las repeticiones de la pulsión, para que el sujeto llegue a crear un saber sobre su goce.

El corte de la sesión debe permitir la dialectización del sentido, puesto que al mismo tiempo que revela el lugar del sujeto en la enunciación posibilita la continuación del trabajo de elaboración. “Interrumpe la intención de significación y permite que aparezca un nuevo sentido”.

El paciente es llevado a interpretar en la medida que el analista produce un corte que deshace el efecto de significación, deja la adjudicación de sentido al lado del analizante y apunta a lo más singular.

La alusión.-   tiene que ver con la referencia a personas o cosas sin nombrarlas directamente.

La figura retórica de la alusión consiste en que el orador representa un objeto de manera indirecta, es decir, sirviéndose de procedimientos tales como la metonimia o la metáfora. Mediante estos tropos el disertante evoca un objeto y dependerá del oyente interpretarlo realizando una conexión entre la expresión verbal y el objeto al que se alude.

La alusión al igual que el chiste exige cierta complicidad entre los participantes, aunque esto no exime de que hayan mal entendidos entre ellos, más bien lo garantiza; permitiendo que se ponga en funcionamiento el dispositivo analítico que se encuentra posibilitado por el significante.

La alusión elude, al igual que el chiste, la censura, los diques que reprimen la pulsión y posibilita el acceso de fuentes de placer inasequibles

La cita, como medio-decir.-  al igual que el enigma consiste en extraer un fragmento del texto del analizante, el cual se le dirige al paciente fuera de contexto. Enunciado recogido de los dichos del paciente. El analista repite un enunciado del paciente y lo pone en el lugar de la verdad. El autor se convierte en lector de su propia obra y ello le remite a la enunciación como efecto de la interpretación.

Este procedimiento es definido en el “atolondradicho”, como intervención interpretativa mínima, que descansa en una breve fórmula: “tu lo has dicho”. Gracias a esta operación, el enunciado que el interpretante recoge de la trama del decir, es puesto en circulación como un dicho, en un contexto nuevo y se abre a la multiplicidad de equívocos.

Si esta operación mínima es acertada tiene un efecto revelador. “Estamos ahí para conseguir que sepa todo lo que no se sabe sabiéndolo”. De este modo el analista hace surgir la enunciación que estaba latente en ese medio-decir, devolviendo la función de autor al sujeto.

La diferencia con el enigma, es que este es una enunciación sin enunciado; mientras que la cita es un enunciado sin enunciación.

El enigma.-  En tanto que la interpretación apunta a un saber en cuanto verdad que sólo puede medio-decirse; adquiere sentido la función de enigma.

“El enigma consiste en formular una enunciación, que no es de nadie y que no corresponde a ningún enunciado de saber. Producir el enunciado corresponde al ayente” (C. Soler)

Se trata de una enunciación que incita al desciframiento. Es un decir a medias que convoca en forma apremiante a que se diga la otra mitad.

El enigma, en realidad, no se trata de descifrarlo sino de no condescender con que ese enigma se apacigüe por la vía de las explicaciones

Se impone como colmo del sentido y falta de la significación. Es una enunciación como verdad, cuyo saber estaría latente. Fragmento recogido del discurso del analizante, que el analista no puede completar por sí mismo. Queda a cargo del analizante producir el saber, el enunciado.

Como rasgo común en todas estas formas interpretativas reside en que se preserva la condición activa del analizante quien será, en última instancia, el encargado de descifrarlas.

Al final Lacan va a poner toda la atención en el equívoco. En el Atolondradicho,  va a usar el equívoco como una interpretación que se dirige al objeto causa del deseo, objeto que da sentido a las significaciones y que se vehicula en la pulsión, interpretación que posibilita una respuesta sobre el goce, inherente al estancamiento de  la significación.

El equívoco.- consiste en emplear un término que puede interpretarse o tomarse en diversos sentidos y puede dar lugar a juicios diversos. Ante la ambigüedad que suscita el equívoco induce al paciente a dar el sentido de lo dicho, tras un primer momento de duda o vacilación, efecto de división subjetiva, de pregunta: ¿qué me quiere decir?

Primero.- la homofonía;  consiste en la igualdad del sonido en expresiones diferentes entre sí. Una intervención como esta hace aparecer un significante latente por una pura razón de la lengua. Lo hace aparecer sin ningún enunciado, simplemente subrayando el equívoco. Este decir que no dice nada es capaz de provocar un efecto: la escisión del sujeto. Hay un efecto de revelación.

Yo soy una apoyadura para mi padre” (“¿una polla dura para tu padre?”)

Segundo.- la gramática; implica en una misma frase dos sentidos diferentes no necesariamente incompatibles entre sí. Se limita la equivocidad de la palabra. No es una intervención que dice algo de los dichos del analizante, apunta a la fractura y conjunción entre los dichos y su causa. “Estoy asustada por que es 15 de marzo, y ese día murió mi padre…”

Tercero.- el equívoco lógico;  Una buena manera de sintetizar el ejercicio de confrontar al sujeto con una fuerza lógica que rige sus dichos, ordenando dicha fuerza lógica como operatoria de reducción de los dichos del analizante. “Con la muerte todo se acaba…”

En las tres formas el primer efecto es de sorpresa, ambigüedad,  interrogación, lo que provoca el relanzamiento de la cadena para que en un segundo momento el discurso del paciente resuelva el sentido.

No se trata de rechazar la producción de sentido, pero ahora prevalece el goce.

Hoy paramos aquí, ya os adelanto que volveremos con la escansión y de ahí al últisimo Lacan.

Enrique Cortés.

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