PSICODRAMA Y TEATRO

teatro_

Teatro y Psicodrama

Me refiero para este escrito a otro anterior de Felipe Acosta nombrado como (Personajes psicopáticos en el escenario: elucidaciones de un texto para el psicodrama)

Tomamos como premisa que nuestro trabajo en psicodrama está fundamentado desde la teoría psicoanalítica

Hay un texto donde Freud realiza una alusión directa al tema en cuestión, “Personajes psicopáticos en el escenario” (Freud, 1906), que puede ser tomado como punto de referencia para pensar teóricamente la dinámica de la técnica psicodramática, como técnica psicoanalítica que puede ser leída a través de la obras Freudianas.

¿Qué es lo primero que se advierte en el título de esta breve obra freudiana?

Empecemos  con el concepto de escenario, entendido como el espacio donde hay un encuentro entre un espectador y una escena dramática. Pero no hay que pensar que el espectador está aislado de ese encuentro, por el contrario, lo que nos muestra Freud es que él será parte del drama y en el texto podemos deducir, incluso, que él es el protagonista. Freud nos introduce como espectadores, en el drama, por medio de la identificación, una identificación propia de unas mociones que están en conflicto dentro del sujeto en una escena representada de modo dramático; en la cual, lo que está en juego no es más que la misma situación del sujeto. Sujeto en el cual hay unas mociones en conflicto, lo que nos introduce en el segundo concepto, el de personaje psicopático, el cual se encuentra en ese espacio llamado escenario y que da cuenta del tal sujeto en conflicto.

La identificación dramática:

En palabras simples podemos expresar como identificación, aquel proceso mediante el cual alguien toma afinidad con otro con quien comparte algo, dígase un rasgo, y a quien también puede tomar como modelo. Según Freud puede tener lugar de tres formas diferentes, en una hay un rasgo que antecede, en  otra se toma al otro como modelo, y en la tercera forma el sujeto por imitación, ante diversas situaciones que manifiesta otro, presenta el mismo o similar sentimiento que ese otro imitado con quien se simpatiza.

Con todo lo que queda como resultado no es más, dice Freud que “el desahogo de los afectos del espectador”. Pero, ¿cómo es posible tal desahogo?, hay que pensar que “ser espectador participante del juego dramático significa para el adulto lo que el juego para el niño”. La lógica de esto, según Freud, está fundamentada así: “el jugar del niño está dirigido por deseos (…) Juega siempre a ser grande y adulto”; al adulto tales mociones le han sido coartadas, de él ya no esperan que juegue, sino que actué en la realidad efectiva. El adulto se ve obligado así a encontrar sustitutos que le permitan la sensación de satisfacción de su deseo, de esta manera encuentra en la representación dramática el sustituto que le brinda la ilusión de que tales mociones han sido cumplidas, es decir, que el sujeto se ha desahogado, lo que deviene en una ganancia de placer.

Ahora bien, en la posición de espectador participante, o sea en la posición del sujeto que extrae una cuota de placer a causa de lo representado en la escena, hay una condición más que le permite mantenerse como espectador, y es que, en él no hay una identificación consciente de lo que está viendo, si bien si hay una identificación inconsciente.

Volvamos sobre el hecho del desahogo para dar a entender a qué conflicto se está aludiendo y para introducir el mecanismo mediante el cual opera la identificación con la escena dramática y sus personajes. Si hablamos de desahogo, tendremos que pensar que ya ha existido previamente un ahogo. Un ahogo de unos deseos que han sido impedidos por las exigencias y prohibiciones externas posteriormente interiorizadas. Dichas mociones han sido enviadas al inconsciente por la puesta en acción del mecanismo de defensa de la represión, como Freud la designa, lo cual deja como resultado un conflicto entre una moción reprimida y una moción consciente; dicho conflicto es nombrado por Freud como drama psicopatológico. Sin embargo por el carácter fallido de la represión en el neurótico, las mociones son susceptibles de acceso a la consciencia bajo el influjo de la escena dramática en la cual está en juego la identificación.

Allí, el sujeto neurótico, es susceptible de identificación con el drama por compartir el conflicto entre mociones y también por ver realizados sus deseos inconscientes en la figura del protagonista, a quien Freud nombra como héroe, dando al espectador una cuota de placer a costa de lo representado en la escena.

El sujeto espectador en la representación dramática, debido a los conflictos presentados en la escena, reconoce sus propios conflictos con ayuda de la identificación y de esta manera, puede ver realizados sus deseos más profundos de forma ilusoria, así como también, se pueden reavivar en este sus resistencias. Pero, ¿qué características necesita el drama para lograr introducir al sujeto en esa situación?

Al respecto Freud menciona varias características del drama que permiten que el espectador se identifique a la escena y más principalmente al protagonista, mostrado como héroe en el drama.

Freud dice que: el drama trata sobre el penar, “tiene que poner en juego un conflicto, incluir un esfuerzo de la voluntad y una situación adversa”. De manera muy particular menciona también que es deber del autor de la obra teatral, y yo agregaría que también de los personajes, provocar que el espectador se ponga en el lugar de la enfermedad misma, incluso por medio de la provocación de una resistencia. Por último menciona como otra característica fundamental del drama el despertar del conflicto en el sujeto y en ese momento, dice Freud, “una moción hasta entonces reprimida con éxito procura imponerse”.

En pocas palabras, podemos decir que lo que se busca con el sujeto en el drama es al mostrarle un conflicto que hasta entonces parecía velado, pero que bajo el influjo identificatorio permitido en la representación dramática, su deseo inconsciente y hasta entonces reprimido sale a flote.

En su texto recordar, repetir y reelaborar, Freud dice que: “el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace.” En este sentido es que debemos tomar lo que pasa en un sujeto con la escena dramática, lo que el sujeto visualiza en el escenario, no es más que una repetición, una repetición de su propia historia, hay en el escenario un conflicto semejante al propio. Es esa repetición la que hace que el sujeto enferme. Llora cuando ve al protagonista dejar a su amada para partir a la guerra y posteriormente siente alegría intensa cuando después de grandes batallas, puede reencontrarse con ella de nuevo para ser felices. Así, el sujeto no puede hacer más que sentir un reavivamiento de sus propias mociones ambivalentes, de sus propios conflictos y sin embargo, no es consciente de lo que de verdad le sucede, no sabe con certeza porque llora con el sacrificio y el dolor del protagonista, o porque siente la misma felicidad cuando éste alcanza su más anhelado deseo.

 El drama y el psicodrama

El psicodrama es definido por Herrera (2009) así:

Constituye principalmente, una técnica psicoterapéutica, si bien es cierto que tiene otros usos y aplicaciones. Es una forma de abordar el inconsciente en un escenario de representación teatral, escenario que hace posible darle un lugar material y dinámico a los conflictos psíquicos que causan malestar en los sujetos. Lugar heterotópico que posibilita la resignificación del pasado restituyendo en los sujetos la historia que el síntoma interrumpe.

Anteriormente se hizo alusión a la escena dramática como repetición, pues bien, sí el psicodrama trabaja con representaciones teatrales, válgase decir también dramáticas, nos vemos impelidos a pensar que el psicodrama busca hacer repetir y aunque no es el fin de una intervención psicodramática si es el medio. El fin entonces alude a la cura, y para ello es necesario que el sujeto identifique de modo consciente los conflictos que en él subyacen. Respecto a esto Freud nos dice que: “es preciso que el paciente cobre el coraje de ocupar su atención en los fenómenos de su enfermedad”  y posterior a eso termina diciendo que “son unos empeoramientos necesarios, pero pasajeros, y que no es posible liquidar a un enemigo ausente o que no esté lo bastante cerca”.

El enfermar en psicodrama, implica el develamiento del conflicto del sujeto.

El psicodrama aun siendo una técnica denominada como grupal, trabaja con subjetividades, y en tanto tal, pareciera que hay diversas situaciones que solo correspondieran a un sujeto y no a otro. Sin embargo, la práctica del psicodrama nos enseña que en el momento de un sujeto al seleccionar a otro, hartas veces ese otro que pareciera no tener conflictos en esa situación,  termina identificado ya sea con el conflicto protagónico o con otro conflicto suscitado por la escena, es decir, termina enfermándose bajo el reconocimiento de un conflicto latente propuesto en la escena, bajo lo cual hemos revelado el mecanismo de la repetición.

En lo anterior logramos vislumbrar como se cumple, en psicodrama, la condición propuesta por Freud en la cual se hace necesario enfermar al sujeto, pero nos queda otra pregunta, ¿a quién le corresponde cumplir esa función? La respuesta como la anterior puede ser pensada en diversas situaciones. Primero nombremos al coordinador del grupo, él es el encargado de hacer lectura del discurso de los participantes y de sus modos de actuar, solo es pertinente nombrar una situación en la cual el coordinador histerice al sujeto.

En segundo lugar, un sujeto dispuesto a representar, también puede histerizar, a otro de los participantes. Ya mencionamos anteriormente como un sujeto que supuestamente nada tiene que ver con una escena, termina involucrado y con un conflicto develado. Desde esa óptica es válido afirmar que un participante del grupo, puede enfermar a otro participante. Para ello pone en juego la mirada y la identificación, con las cuales reconoce en el otro las características necesarias para que se ejerza el papel que se piensa asignar, viendo acá una de las formas de identificación mostradas inicialmente.

Podemos pensar que cada sujeto participante en psicodrama es a su vez espectador, protagonista y autor del drama. Es espectador en tanto está expuesto al discurso y la mirada de los otros y por tanto obtiene de ellos una respuesta. Es protagonista en tanto puede representar o repetir sus propias vivencias y de allí extraer un monto tanto de penar como de placer. Y finalmente es autor del drama, en tanto puede involucrar a otros es sus conflictos, válgase decir en sus guiones, que si bien no es esa la intención, sí es un efecto secundario de exponerse como sujeto con un drama psicopatológico ante otros con uno semejante.

Resumiendo, en la escena dramática está en juego un conflicto al cual el sujeto neurótico y espectador es vulnerable de identificación, que como consecuencia produce una enfermedad, lo cual lleva como condición la capacidad del autor del drama, para introducir al sujeto en dicho conflicto.

O lo que es lo mismo, en el drama hay una repetición de un conflicto también presente en el sujeto espectador, posible gracias a la identificación, lo cual le procura placer al ver la resolución de sus penas en un personaje encarnado como protagonista. El psicodrama trabaja desde este mismo punto de vista pero va más allá; logra hacer que el sujeto repita una escena generadora de malestar y por medio de ella involucrar al sujeto como protagonista de sus escenas, es decir, lograr que identifique conscientemente que es el responsable de sus conflictos y que por estas vías, logre reconciliarse con su pasado y resignificarlo, encontrando una salida propia a las dificultades que se le presentan y que el mismo se pone en el camino. De esta manera encontramos al coordinador del psicodrama, comparable con el autor del drama nombrado por Freud, en tanto ambos son los agentes promovedores de la enfermedad, con el plus de que el coordinador la promueve con el fin del alivio del malestar del sujeto y la responsabilización del sujeto sobre el mismo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *