GENERO Y PSICODRAMA

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PSICODRAMA Y GENERO (“Permiso materno – rivalidad paterna”)                                                                                   Enrique Cortés RESUMEN. El objetivo de esta breve comunicación consiste en señalar unos momentos particulares dentro de un recorrido mucho más largo de seis pacientes, cuatro varones y dos hembras, en su tratamiento de psicodrama; en el cual podemos ver el peso de los significantes en el proceso de la identificación sexual; también aprovecharé para describir la técnica del psicodrama freudiano.   Psicodrama Freudiano.     En primer lugar comentaros muy brevemente lo que caracteriza al psicodrama freudiano: El grupo es abierto, pudiendo incluir nuevos miembros así como tener altas, evitando hacer de él algo parecido a una familia endogámica. Normalmente hay dos terapeutas, un animador y un observador. En la sesión alguien empieza a hablar y se le deja que exprese su discurso,  discurso que se va anudando con los discursos de los otros participantes, avanzando de forma metonímica por deslizamiento de los significantes, esperando una intervención del animador. Ante la emergencia del inconsciente, escondido bajo el sentido manifiesto de lo que se está diciendo, se invita a algún miembro a representar algo de lo relatado por él. Para esto el animador ha hecho una escucha, a partir del primero que habló y viendo el eco que sus palabras produjeron en el grupo. Nosotros pensamos que es el encuentro con el sinsentido de lo inconsciente lo que puede permitir elaborar algo a una persona. Y para que pueda emerger ese sinsentido de lo inconsciente es por lo que el animador invita a un miembro del grupo a representar algo de lo relatado. La escena va a suponer:
  • La elección de los otros que representarán algo, el papel y los motivos de la elección
  • La representación en sí misma (a veces son meros lapsus, discordancias con lo relatado…)
  • El cambio de rol del protagonista con el otro de su identificación
Las escenas que nosotros representamos no son fabuladas, es decir que no son inventadas por el animador  ni por los miembros del grupo ni están sacadas de ningún manual ni son intencionalmente modificadas. Se pueden hacer interrupciones a lo largo de la representación; al mismo tiempo que huimos de lo catártico o excesivamente emocional. La escena nos va a permitir un nuevo encuentro y combinación de significantes; lo que posibilita que la relación que el sujeto tiene con su sufrimiento y con su discurso cambie. Posteriormente a la representación se le pregunta a los yoes auxiliares por lo que han sentido; el resto de los miembros también pueden seguir expresándose y asociando; con ello se establece una cadena de significantes enlazando los discursos y las escenas, hasta que se finaliza la sesión. Será ahora el momento del observador. Este realiza una breve observación de lo acontecido, señala la cadena asociativa y su forma de articularse. El observador intentará dar una visión de lo que ha podido no verse. En el psicodrama freudiano, la representación, la mirada, el cuerpo y el discurso serán pilares fundamentales y diferenciales de otros psicodramas. Estando el juego múltiple de la mirada siempre presente. Si atendemos las palabras de los Lemoine, entre los objetivos del grupo está el hacer una ruptura con el discurso previo, para poder instaurar uno nuevo que tenga que ver con su relación con el deseo. En otro tipo de grupos se pretende directamente analizar las tensiones reales entre sus componentes donde todos pueden opinar sobre todos, cayendo fácilmente, a nuestro entender, en agresiones por permanecer el discurso en el registro imaginario sin que se produzca el corte que permita la entrada en el registro simbólico. Nosotros no analizamos al grupo sino al sujeto en el grupo. Porque sólo lo que se habla puede ser actuado, es por lo que en psicodrama freudiano la escena  no es en sí el fin de nuestra técnica y surge solo como medio para llegar al inconsciente, ahí donde la palabra se detuvo, con el propósito de que resurja. Finalmente, y como dicen los Lemoine, el sujeto se enfrenta al duelo permitiendo su elaboración; gracias a esto el sujeto escapa de la repetición y recupera el lugar en el discurso de las generaciones.   En cuanto a la parte clínica de esta comunicación, decir que mi objetivo está en poder ver la influencia que la identificación y lo significantes que la acompañan, tiene a la hora de la elección de objeto. Para ello me basaré en tres textos de Freud: “la organización genital infantil” (1923), “la disolución del complejo de Edipo” (1924) y “algunas consideraciones psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos” (1925). La primera conclusión a la que llego es que si bien la ley del deseo, o lo que Lacan va a llamar “castración simbólica”, apenas si varía según los sexos, ello no va a impedir que, a partir de ese momento, los caminos que conducen, tanto al chico como a la chica, a la asunción de sus propios deseos y sexo tomen senderos diametralmente opuestos. Y en estas diferencias me voy a centrar; para empezar recordar que Freud decía que era un buen método, examinar los vínculos que unían a la niña con su madre, mientras que en el caso del niño, estaría del lado de cómo se juega este su “masculinidad” con el padre. “Permiso materno – rivalidad paterna”.       ¿Qué es lo que la niña le pide a su madre? Pues de forma manifiesta, que la alimente, que la cure cuando se hace pupa, que la proteja, en fin que  la colme de cuidados y atenciones; y de forma latente que confíe en ella, que le facilite el camino hacia su deseo, que no le ponga obstáculos; es decir que le diga “tú como mujer vales”. Posiblemente esta sea la mejor respuesta que una madre puede darle a su hija cuando ella sin saberlo e insistentemente se pregunta ¿Qué es ser una mujer? El psicoanálisis, desde el principio, nos comunicó que la sexualidad para los seres humanos,  es traumática. Esta particularidad se entiende si pensamos que la posición del sujeto sexuado no es correspondiente a su sexo biológico sino que atiende a un movimiento que es atravesado por identificaciones que son tomadas y recibidas del campo del lenguaje, del campo significante. ¿Podemos pensar que será la madre la encargada de permitirle a la hija el camino hacia la feminidad? Sabemos que mediado por Otro, el lenguaje se engrana en los cuerpos y que el excesivo amor que la hija siente por su madre podrá ser un obstáculo en su camino hacia el hombre: “El amor a la madre deviene  portavoz de todas las aspiraciones que quieren hacer que la muchacha se vuelva atrás en su primer paso por el camino nuevo, peligroso en muchos sentidos, hacia la satisfacción sexual normal…”. Toñi nos dice que ha tenido un sueño dulce. Dice que de la sesión anterior se quedó con el discurso de Dani, el cual se feminizaba en calidad de hijo, al comunicar una y otra vez ante y a su padre que él no podía porque no sabía… Preguntada por el sueño, nos habla de que en él tenía pelo en exceso y que con poco se expandía, era como una planta. Recuerda que de pequeña su madre se lo cortaba “a lo chico” y ahora a ella el pelo “que no se lo toquen”. Recuerda, también, que en el sueño le vino el siguiente pensamiento: “me lo quito y ya crecerá pero entonces me dolía la espalda porque las raíces las tenía por debajo de la piel. Era algo que no podía arrancarme”, a lo que añade: “el pelo para mí siempre ha sido seña de feminidad, en épocas de ansiedades se me ha caído”. Pero “Lo que me extraña era que el sueño era dulce, agradable”. Por su parte, Ana, recuerda que ella de pequeña tenía una gran trenza que quería cortarse pero su madre no la dejaba y que para convencerla, su madre le decía que tenía un pelo muy bonito, pero, paradójicamente, nunca la dejó que lo llevase suelto, siempre una trenza, como las niñas. Recuerda que un día se fue a la peluquería a cortárselo pero que estando allí le entró mucha pena y se marcho llorando. Representada la escena y al momento de salir corriendo dice: “no puedo hacer esto sin el permiso de mi madre”. Freud no pone el acento en la operación inhibitoria que puede ejercer la madre sobre la hija, a la que califica como “normal”, sino que enfatiza la maniobra que debe realizar la hija: “Es asunto de la hija desasirse de esta influencia y decidirse, (…), por cierto grado de permisión o de denegación del goce sexual.” Por otra parte, se sabe que en Freud, la relación del niño con la castración es tratada como efecto de la relación con el Padre. Ese reenvío al padre es casi siempre modulado entre la rebelión activa y la sumisión pasiva, entre el deseo de muerte y la necesidad de ser amado, una vía estrecha por la cual se decide la identificación viril o la feminización ante el padre. Lo masculino se caracteriza por la sublevación contra la castración, encarnada bajo la forma de la amenaza que se origina alrededor de la figura del padre. Confundiéndose, a la postre, la castración con la amenaza de todo lo que en el Otro es representativo de la presencia del padre. ¿Qué es lo que esto quiere decir? Lo que viene a decirnos es que el niño durante toda su existencia intentará ser el falo imaginario de su mamá y por lo tanto no dejará de rivalizar con su papá. A partir del discurso de Toñi, Santiago nos recuerda una vez en la que estando en un bar una chica se le acercó y que él no supo que decirle, teniendo que salir huyendo. Nos cuenta que con su madre se lleva muy bien, pero que su padre en cambio era muy agresivo, y que desde pequeño lo ha humillado. Recuerda en especial un año que suspendió todas las asignaturas, curiosamente él que era de sacar buenas notas. Recuerda como al  llegar a casa, su padre estaba sentado frente al televisor y como al entregarle las notas mientras le decía: “ahí las tienes”; su padre empezó a insultarle. En la representación, en el instante en que Santiago le entrega las notas a su padre mientras le dice: “ahí las tienes…”, el animador le pregunta: “¿Santiago para qué retas a tu padre?”. Santiago mira a la cocina en busca de su madre y apunta: “luego mi madre me consuela y me dice que ella está de mi parte, mi madre y yo nos llevamos muy bien” Se busca la identificación a un padre completo, sin falta y por otro la necesidad de tener un padre que se equivoca, que falla (el castrado es él). También a partir del discurso de Toñi, Domingo, que  en la última sesión nos comentó un dolor en el testículo al eyacular y como este dolor lo relacionaba con una cuestión paterna, nos habla de los dolores que tiene en la espalda desde que se cayó de la moto. “Sustituí el patrimonio de mi padre, ya que él me dejó en herencia su coche y yo lo vendí y me compré la moto. El dolor lo relaciono con el haberle fallado”. Ana nos dice que para ella la moto es señal de libertad. Dani, interviene hablándonos de su padre: “para mi es el que me ha hecho daño”; “siento que ante él no valgo”. “Una vez un maestro me humilló, pero yo no dije nada en casa, ¿para qué?, mi padre era un animal. Lo recuerdo sentado viendo la televisión y como al llegar yo a casa me metía en mi habitación sin decirle nada”. Al representar la escena, el yo auxiliar saliéndose  del guión  le  pregunta qué tal le ha ido el día, a Dani entonces  se le olvida decirle que lo han humillado en el colegio, pero a cambio le pregunta por qué lo trata tan mal y si es que no lo quiere; en el cambio de rol, haciendo de padre, Dani se escucha respondiéndose: “es que yo no sé…” Al volver cada uno a su sitio, Dani nos dice que anteriormente había estado en otros grupos, a los que acabó dejando porque se respiraba mucha agresividad y tensión. “Curiosamente al venir hacia la consulta me he dado cuenta que tengo pies y manos, he sido consciente de ello y he dado gracias a Dios padre”. Javier, recogiendo el significante “patrimonio”, nos cuenta que se siente culpable porque lo que le deja a su hijo es una miopía, precisamente porque le ha trasferido a su hijo las actitudes que su padre le transfirió a él, la lectura. En la OBSERVACION y para concluir se les devuelve que: Del lado femenino vemos que por mucho que una madre se empeñe en dificultar el paso a la feminidad de su hija cortándole el pelo a lo chico o dejándole trenzas, las raíces corren por debajo de la piel. Del lado masculino, el acercamiento a la masculinidad requiere de un encuentro con el padre y un alejamiento de la madre. Un reconocimiento que restituye y posibilita, restituye al padre junto a la madre y posibilita el acercamiento a la mujer; lo contrario es caer en la rivalidad imaginaria a la espera de ser agredido por este, una espera silenciosa que imposibilita escucharlo, aunque sea para oír le decir; que él como padre no sabe, una espera que  acompaña el sentimiento de no ser nunca suficiente. En definitiva que hay patrimonios generacionales de los que hay que desprenderse para poder alcanzar cierta  libertad identitaria. Congreso Nacional de Psicodrama. Gijón 22 de Octubre del 2016    

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