Psicodrama y grupo de parejas

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ENCUENTRO CON LA PAREJA: DE LA ILUSIÓN A LA DESILUSIÓN                                                                                                Enrique Cortés               Dame todo; primer (des)encuentro con el otro. Para hablar del primer encuentro con el otro, recordaremos a Freud, cuando habla de la vivencia mítica de satisfacción; en Proyecto de una psicología para neurólogos (1895). Como recordaremos, en un momento el niño va a sentir cierta tensión, displacer, él no sabe qué es lo que le ocurre, todavía no tiene los elementos necesarios para ello, pero el cuerpo da ciertas respuestas y entonces el niño hace su primera demanda, será por medio de un grito, un llanto, una pataleta; es todo lo que en esos momentos él puede hacer. Pero su demanda obtiene respuesta, ya que como resultado aparecerá Otro, en primer lugar la madre, Otro que va a poner palabras a la demanda de ese niño y entonces dirá “a este niño lo que le ocurre es que tiene hambre” y a veces acierta. En ese caso ese Otro ayudado por el objeto, la teta o el biberón, saciará el hambre del niño. Con ello desaparecerá la tensión y el displacer, al mismo tiempo que el niño experimentará placer; el placer lógico de haberse eliminado la tensión que su cuerpo padecía. Con este recorrido se debería cerrar el circuito, pero no es así: el niño vuelve a llorar. ¿Y ahora qué?; la madre vuelve a aparecer pero ahora ya no sabe que demanda el niño; ella sabe o cree que no tiene hambre, ve que no está escocido y empieza la ansiedad; porque ella piensa que una buena madre debe saber que necesita su hijo; es momento, a veces, crítico, un momento en que algunas madres se deprimen, otras se vuelven agresivas; pero en todas está la misma pregunta: “¿Qué quiere el otro de mi?”. Esta pregunta nos acompaña durante toda la vida y además es recíproca. ¿Por qué se ha pasado de otro que me decía lo que era bueno para mí a otro que no sabe qué darme? En realidad, qué quiere el niño. El niño quiere experimentar la misma sensación placentera que experimentó la primera vez que desapareció esa primera tensión. Aquel fue un momento, Freud lo llama mítico, que dejó un resto, una huella que vamos a perseguir durante el resto de nuestra vida y al impulso, al acto de ir hacia, de volver a encontrarnos con el objeto que de nuevo nos saciará lo llamamos DESEO. El deseo tiene una característica, su insaciabilidad y aunque le volvamos a dar teta al niño, este volverá a llorar, ya no hay objeto capaz de calmarlo. Es por eso que el deseo es sin objeto. Entonces, ya podemos decir que el primer encuentro con el otro es un desencuentro que trae una pregunta y una demanda: “dame todo” y  “¿qué quiere el otro de mí? Y aquí se gesta el prototipo de elección:
  • Demandante
  • Se busca protección y cuidados (seguridad)
  • La relación se basa en la necesidad de compensar una falta o de ocultar un vacio
  • Tentativa de recuperar una “relación” pasada; el “buen reencuentro”.
“…Toda pareja se constituye sobre la necesidad de compensar una falta o de ocultar un vacío…” (Morabitol), como también se encuentra basada en la tentativa de recuperar una relación pasada, constituida como una defensa frente a presiones inconscientes, con el fin de satisfacer necesidades donde puede existir algún tipo de fijación, es decir, los integrantes de la pareja tratan de compensar sus necesidades y deseos de la infancia.   Podemos pensar que el objeto ya perdido acarreará la primera herida narcisista y que el único objeto capaz de sustituirlo, será el objeto de amor. Se busca la presencia de otro que con sus “dones” nos confirme su amor. Que nos dé signos de amor. Una de las defensas ante la frustración de amor es la regresión; qué pareja no ha tenido la ocasión de ver o verse actuando infantilmente, con enfados y demandas pueriles. Cuanta más necesidad originaria más demanda y por lo tanto más probabilidad de frustración y más regresión. Entonces, el objetivo de la elección es defenderse de la primera decepción narcisista; le exigimos al partener que nos satisfaga, que nos de aquello que necesitamos; pero como el objeto del deseo es efímero, más pronto que tarde nos topamos con la insatisfacción y con las quejas: “no eres capaz”, “no eres el que esperaba”.  
    Mecanismos de la elección del objeto de amor(total)   Normalmente los mecanismos que se dan en las relaciones de pareja son los mismos y lo que va a determinar la normalidad o patología es su intensidad. 1.- Proyección.- me veo en el otro, lo que me lleva a no aceptar sus “fallos”. Hace un tiempo recibí a una pareja, entre otras cosas la mujer se quejaba de las quejas de su marido en relación a que ella “no se cuidaba”; él se enfadaba si ella no hacía dieta, si no hacía deporte… “engordará y se hará vieja”; en definitiva no aceptaba el deterioro, la castración. Hace poco el marido me volvió a visitar, estaba deprimido y el motivo era que él que había sido tan deportista, había empezado a tener dolores musculares, cosa que no podía aceptar. 2.- Apego.- se busca protección y cuidado, se construyen relaciones paternales. El niño tiene la necesidad de relacionarse con un adulto que le transmita protección y cuidado, y a partir de ahí construye vínculos emocionales. El apego hacia el otro surge en el momento en que el niño se siente en peligro. 3.- Demanda.- se le pide al otro que cubra el vacio afectivo, que “el objeto” satisfaga mi falta. Aquí nos encontramos con la frase típica “ya no eres el de antes” 4.- Repetición.- se repiten patrones pasados, donde el pasado se hace presente.   Relaciones referenciales. Entendamos por relaciones referenciales, aquellos patrones que han servido de referencia, relaciones a las que hemos quedado fijadas y que nos sirven de identificaciones. 1.- La relación que se tuvo con la madre o con el padre, teje las identificaciones que marcaran el patrón a seguir. Una pareja viene a consulta con la queja de la esposa, su queja es en relación a los celos del marido; ella se queja del enorme control al que él la somete y él de que ella coquetea con todos. En el recuerdo de ella viene una frase muchas veces escuchada en boca de su madre en la que le decía que ella era lo peor; “durante toda mi vida mi único empeño ha sido demostrarle que están equivocados”. El uso del plural, están equivocados, la lleva a darse cuenta que en realidad ese es también su empeño con su marido y con las otras relaciones que ha tenido, demostrarles que están equivocados. Para lo cual se requiere en primer lugar que el hombre elegido sea celoso y en segundo lugar que ella despierte sus celos. 2.- La relación de pareja que hay o hubo entre sus padres. Que el padre ocupe su función paterna y la madre la función materna (femenina) y su capacidad como pareja sexual además de pareja de papás, le da al hijo un lugar amoroso dentro de la relación familiar. Que la madre sea descalificadora, el padre incapaz, que sea un mal tratador o infiel; en definitiva los roles que los padres han desempachado van a ser patrones en las relaciones futuras de los hijos. En definitiva y ahí está el problema UNA PAREJA SON MAS DE DOS. Este es el motivo por el cual en un proceso terapéutico e incluso de entendimiento y comprensión entre la pareja, es imprescindible la historia de cada cual. Nuestro juglar Sabina, tiene una canción a la que tituló “amor se llama el juego”, en la que en su estrofa dice: “cada vez más tu cada vez más yo sin rastro de nosotros.” Amor se llama el juego en el que un par de ciegos, juegan a hacerse daño. Concluyo diciendo que la elección de pareja es una elección narcisista y por tanto imaginaria; donde se reclama a otro dador que nos complete, demanda que es recíproca. Alphonse Allais escribe un texto que se llama “un drama muy parisino”; trata de una pareja de celosos, donde cada uno está celoso del otro. Un día cada uno envía una carta al otro con una cita secreta, ambos se invitan, sin saber por quién es invitado, a un baile de máscaras. En ese baile y llegado un momento concreto, ellos se van a un salón privado, es el momento de la verdad, es el momento en el que las máscaras caen… ¿Oh sorpresa! Él no era él, ella no era ella. Touche. Hay un primer momento de desencuentro, de odio; “no eres quién yo esperaba”. Si se supera este primer momento y se asume la alteridad, hay reconocimiento. Amor, es reconocer al otro en su diferencia.
Amar es dar lo que no se tiene. Lacan usa esta frase para dar a entender que la única salida es poner el acento en la falta de cada uno, en tanto que asumir la propia castración y que es entonces que nos podemos encontrar con el AMOR, que es desde lo singular y por tanto desde la diferencia. Y cuando dichos aspectos regresivos y diferentes son aceptados por el otro: “cada uno se siente necesitado por el otro y se reconocen mutuamente en su manera de ser”.
Psicodrama de parejas. En la pareja los conflictos y demandas se agravan, cuando se construye un triángulo (hijo, suegra…). En el grupo psicodramático de parejas se rompe la triangulación y los otros actúan de espejos. Nuestras situaciones conflictivas las identificamos en los demás y la óptica cambia. Con el cambio de rol, la pareja empieza a entender al otro y a entenderse. Aparecen características regresivas, lo que posibilita hacer una revisión de la historia personal y con ello los fantasmas de cada uno de la pareja salen a relucir, dando un sentido a la relación(es) actual. Para terminar rompiendo el patrón o patrones adquiridos y construyendo unos nuevos.        

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