DESEO-SEXUALIDAD-CREATIVIDAD EN EL COVID

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 DESEO-SEXUALIDAD Y CREATIVIDAD EN EL COVID

Enrique Cortés

 Cuando fui invitado a este espacio, de la “mesa camilla” de este curso,  Cecilia me contó un poco el encuadre; me habló de la asociación “INFANCIA” y del objetivo de este espacio, si yo no entendí mal, gente interesada se reunía en “torno a una mesa camilla” para hablar de un tema que haciendo serie a lo largo del curso, posibilitaba poder abordar diferentes sub-temas.

Este curso el tema principal era  el COVID, y a lo largo del curso y siempre teniendo como referente el COVID se han abordado diferentes temas.

Cuando yo le dije a Cecilia que hacía ya mucho tiempo que no hacia clínica infantil, ella me respondió que no era indispensable, ya que la propuesta era que pudiese hablar del deseo, la sexualidad y la creatividad.

Y con esas me quedé; es decir me quedé con el significante infancia, con el significante covid y claro está con el deseo, la sexualidad y la creatividad.

La apuesta de escuchar a un niño en análisis la abrió Sigmund Freud quien nos legó el extraordinario trabajo hecho con Juanito. Freud analizó a Juanito a través de un padre, hondamente preocupado por su hijo.

Así fue como hizo que las palabras jugasen y compusiesen escenas, frases, dogmas que así  eran en ese momento para el pequeño. En el análisis de Freud, las palabras se pusieron a hacer juegos – y no de palabras – para componer Imaginarios, Simbólicos y Reales.

Freud consiguió algo que luego, otro practicante, lector de Freud, Jacques Lacan, nos transmitió: al paciente hay que desangustiarlo. Juanito estaba profundamente angustiado y Freud logró, con la colaboración de su padre, que esa angustia cediera.

Y esto es fundamental a tener en cuenta: muchos niños que son traídos a los consultorios están profundamente angustiados.  En general porque comienza su historia de preguntas sin respuestas.

Y entonces construyen sus propias teorías.

Freud postuló que los niños elaboran teorías psicosexuales infantiles, como resultado de una necesidad de constitución psicosexual.

En el ser humano se produce una sexualización que se genera más allá de la anatomía.

Las teorías sexuales infantiles deben entenderse como el intento de elaborar un saber; en relación a preguntas estructurales como pueden ser la venida al mundo, cómo nacen los niños, sobre la diferencia sexual, sobre la muerte...preguntas que van configurando un proceso de constitución subjetiva y que atienden a la historia individual y al empuje pulsional (lo que da una multiplicidad de posibilidades en cuanto a la satisfacción sexual en el ser humano: lugares del cuerpo, rasgos de los objetos...)

Freud observa que al unísono se da por un lado la actividad sexual infantil y por el otro el deseo de saber; preguntas fundamentales que le permiten construir una identidad y elaborar su visión del mundo.

Este deseo de saber va vinculado a sucesos de su vida que le provocan sentimientos y/o preocupaciones.

Las teorías aunque erroneas, conllevan algo de verdad ya que se construyen atendiendo al estado de su propia sexualidad; el empuje pulsional, a la relación con la madre...

 Y desde ahí que ya decimos que nada ocurre fuera de la esfera de la sexualidad y que esto nada tiene que ver con el sexo ni con las relaciones sexuales, sino con el goce que es algo así como un placer que nos atormenta, que nos provoca cierto malestar, cierta perturbación y que este goce viene inherente a nuestro cuerpo.

Pero también tenemos que recordar que gracias a esta perturbación es que nos interrogamos, buscamos respuestas y construimos salidas, a veces más allá del síntoma.

Recordé que mi último paciente “niño” se despidió de mí hacía más diez años y que posiblemente tendría algunas notas guardadas.

Los obsesivos solemos guardar cosas inverosímiles, y a veces cuando vamos a buscarlas incluso las encontramos.

Encontré las notas de Agustín, que según figuraba en mis escritos tenía 12 años.

En esas notas yo me preguntaba lo siguiente: “¿A qué cambios de la subjetividad nos someten las nuevas tecnologías?, ¿cambian los modos de percepción de la realidad a partir de los nuevas herramientas que la sociedad nos blinda?, no olviden que estas notas son de hace más de diez.

Ante estas preguntas mías, que yo me hacía; tenía la siguiente nota:

Agustín me estaba contando lo acontecido durante el fin de semana; me hablaba de un juego virtual en el que colocándose un casco, “sientes que estás dentro de una plataforma y desde ahí disparas a un pájaro que quiere atacarte…”

Cuando yo le pregunté qué sentía, él me respondió con una pregunta: “¿Cuándo tú eras niño, te pegaban tus hermanos?”

En realidad me pregunta que si en mi tiempo los hermanos también pegaban; pero lo hizo después de contarme un juego donde disparas a un pájaro.

¿Por qué traigo este recorte?

Porque aunque los instrumentos cambien, estos solo sirve para que nosotros podamos seguir preguntándonos por nuestros conflictos y de  esa manera es que los usamos para ayudarnos en la construcción de nuestra subjetividad.

Los enigmas siguen siendo los mismos: la fratria, el nacimiento, la muerte…

En Terminator, la alteración de los tiempos juega con el enigma de los orígenes: ¿puede un hombre enviado al pasado salvar a su propia madre y, en el ejercicio de esa tarea, engendrar a su padre?

Y si apuramos un poco, podemos decir que el psicoanálisis ha anticipado la construcción  del campo virtual; ahí donde la estructura temporal, narrativa, se desarticula y recompone constantemente en una sesión de análisis, permitiendo la coexistencia de dos tiempos co-presentes: el preconsciente y el inconsciente, entre los cuales el sujeto pivotea para sostenerse en su propia articulación.

 Yo creo que es indudable que estamos ante producciones de nuestro tiempo que más allá de dar o no cuenta del futuro real, de lo que se trata es de dar cuenta de los diferentes modos de subjetivización, donde se reflejan las preocupaciones del momento aunque sea mediante el imaginario de nuestras construcciones.

Nuestra subjetividad se construye, pues, en medio o gracias de pluriculturalidades simultáneas, aunque pensadas desde formas de construcción diferentes a la de nuestros antepasados.

Lo que nos lleva a pensar en nuevos  modos de emergencia de la subjetividad de los niños y los adolescentes.

Y que aunque los niños y los adolescentes, atiendan menos al relato, se siguen construyen sentidos y esto es algo que no varía.

Porque lo fundamental, mientras los seres humanos sean producto del acoplamiento de dos deseos ajenos, es qué enigma surgirá, aunque sea bajo nuevas formas, sobre las cuestiones de siempre.

Tal vez aquí podemos hacer un pequeño giro al decir que no se trata de un punto de ser, sino de un punto de estar. Pero al mismo tiempo este punto de estar debe cobrar permanencia como punto de ser, para que el sujeto se sostenga.

Hace tiempo estuve viendo a J. M. Pou y él decía que el universo no está hecho para ser cambiado, sino para ser entendido, pero en la medida en que uno lo va entendiendo es que  algo va cambiando.

Así pues, tal vez el problema esté en la escucha, como siempre, ya que para transcribir las capas de cebolla freudianas, el analista, el otro, necesita aprender nuevos  lenguajes (Windows) y así poder entrar juntos en la travesía de ir desplegando los nuevos y viejos enigmas, que la condición de sujeto le impone.

Con lo cual hay algo que queda patente, para ser escuchado se necesita de otro que escuche.

Y que, además, la  necesidad de palabra viene empujada por la necesidad imperiosa de poder dar cuenta de aquello que no encaja, de las crisis que el sujeto va atravesando a lo largo de su historia.

La palabra crisis, desde mi punto de vista no es muy terapéutica, aunque la usamos mucho, hablamos de crisis de la adolescencia, de crisis de pareja…en realidad lo que viene a sacudirnos es lo traumático, es decir las crisis que son traumáticas, y para que un acontecimiento sea traumático debe ser inesperado, al yo debe cogerlo por sorpresa y no estar preparado.

Yo creo que es una buena cosa que eduquemos al yo a estar preparado a la incertidumbre, a saber convivir con ella.

El DESEO, no se puede concebir sin tensión, sin un tiempo de incertidumbre. (MMS)

Sabemos que en la vida hay algo que siempre es imposible; y entonces siempre hay algo que uno tiene que INVENTAR, que construir.

Este acto ya es una salida ante el malestar.

Reconocer lo imposible quiere decir que uno no puede pensar que las cosas siempre irán bien, hay lo imposible. Aceptar que en la vida hay ese punto de imposible es lo que nos lleva a hacer cosas.

En estos días,  todos hemos renunciado a muchas cosas: reuniones, abrazos, comidas fuera de casa, deportes…

Y es en relación a esas faltas que nuestro deseo se ve empujado, nos movemos, construimos e inventamos, modos de compensar esa falta; que en estos momentos no es una falta cualquiera, es la falta de la presencia del otro,  del cuerpo del otro y ahí entra la subjetividad de cada uno; ver como cada uno es “tocado” en esta cuestión.

Nos encontramos en un momento en que no es inusual que nuestros pacientes nos hablen de duelos que quedaron pendientes, que por algún motivo no se pudieron elaborar.

Nos cuentan sueños que han tenido con sus “ex”, nos recuerdan  pedazos de historia que se creían olvidados y que ahora volvieron con fuerza; porque el deseo no deja de existir y busca su lugar en el pasado.

Porque no hay una experiencia colectiva compartida, cada uno la vive a su manera: desde la depresión, desde la inhibición y desde la rabia.

El punto central es como cada uno vive este momento de distanciamiento, de encierro y esto es una vivencia y no un hecho. Uno se puede sentir encerrado al aire libre.

Entonces el virus no ha traído algo nuevo, sino que es más bien el cierre de un proceso que ya había empezado, un proceso basado en la instrumentalización del otro y la pérdida del lazo social.

 Al principio y por eso lo quise traer, lo vimos con Agustín.

Uno de los textos más clínicos de Freud, como sabéis es “inhibición, síntoma y angustia”; salidas este ante el malestar; y frente a esto o como contrapunto Freud nos habla de la creatividad como salida ante el malestar de la civilización.

En esta crisis, lo primero que todos tuvimos fue perplejidad, ¿qué es eso que está ocurriendo?, ¿es algo de los chinos? Cuando vimos que podía venir aquí empezamos a angustiarnos, a tener miedo. ¿Qué será esto? Después ya empezamos a tener, por un lado, rabia por no haber podido evitarlo, y , por otro lado, también tristeza porque empezamos a ver las pérdidas, la gente que se moría, los trabajadores que se quedaban en paro. La rabia extrema es una negación de todo lo demás. En el caso de los negacionistas, muchos de ellos no quieren aceptar ninguna de las pérdidas y por  lo tanto, desarrollan una postura de negación absoluta, que es una negación psíquica.

Decía que la creatividad es la buena salida ante el malestar de lo traumático, entonces en lo creativo surgen cosas nuevas, que además ayudan al proceso de duelo por lo perdido; en esta crisis ha surgido un aumento de lo virtual; en el trabajo, en la educación, en la sanidad.

El mayor desafío de esto es el aislamiento que puede provocar y esto no es sin consecuencias; corporales como la obesidad o afectivas como la soledad, la tristeza, la confusión, la desorientación.

Entonces en esta ocasión, lo novedoso que por un lado nos ayuda a atravesar este momento traumático, también nos trae malestares, esta es la paradoja actual; aún sin mirar hacia otro lado frente a la virtualidad que ya está aquí, debemos seguir buscando el cuerpo a cuerpo, la presencia en cuerpo del otro.

Como dice Luciano “la pandemia del coronavirus mandó al exilio a los besos y los abrazos”. El exilio puede ser traumático y doloroso. Las nuevas normas dictadas para evitar la propagación del coronavirus configuran una situación inédita para los seres humanos, por cuya evolución son en esencia sociales, destinados a vivir en comunidad y no en un confinamiento propio de un ermitaño.

Desde que nacemos necesitamos de la manada, de otro que nos diga lo que nos hace bien y lo que nos hace mal, otro que esté ahí para protegernos, porque es otro que nos da una identidad: un nombre, un lugar en el grupo…

Cómo explicar la pasión de los jóvenes hacia el contacto social,  esta necesidad es diferente a la que tienen los mayores, que también la tienen; las mayores mueren de tristeza por la soledad, ven que sus otros, sus referentes ya no están y ahora sus nietos tampoco; los jóvenes son más trasgresores; “si nos cerráis los bares a las 22h nos iremos a los pisos”, le escuchaba decir a un joven.

Los otros para los jóvenes, ahora les llaman “influencers”,  les marcan sus itinerarios en sus vidas con sus otros, los otros iguales, sean influencers o sean compañeros de su grupo. Y además están en una edad en la que se tienen que iniciar en todo, en consumos, en la sexualidad, en la diversión, en el riesgo.

Para ellos la distancia social tiene que ver más con la pérdida de vida que con la supervivencia. Para ellos perder la vida es perder el contacto.

 La pubertad la va a describir como un tiempo entre lo infantil y la sexualidad adulta.

La podemos pensar como un punto de encuentro entre la sexualidad infantil y la sexualidad adulta; es una nueva forma de abordar la cuestión sexual; el “momento del cambio”.

 Y obviamente esta nueva forma de encontrarse con el goce implica al cuerpo y además en un momento en el que la alteridad del otro sexo está más presente.

Por lo tanto, podemos pensar la pubertad como un trabajo de elaboración en cuanto a la identificación con un tipo ideal de sexo. De cómo un sujeto se identifica del lado masculino o del lado femenino.

Así que será de todo imprescindible para entender  la pubertad, atender a dos ejes:

  • La problemática de las pulsiones, cómo satisfacer las pulsiones.
  • La problemática de las identificaciones.
  • Si nos centramos en el Complejo de Edipo, que es el aparato simbólico donde el sujeto va a construir algunos objetos de amor, vemos que para la construcción de los objetos pulsionales se necesita de un primer paso que tiene que ver con las identificaciones.
  • Es decir que primero tiene que haber una identificación para construir un objeto para la pulsión, para el amor etc.
  • Es decir, que en un principio no hay objetos de la pulsión, estos se tienen que construir por mediación de las identificaciones.
  • El problema es que luego, en la adolescencia, todo esto debe reactualizarse de nuevo y ahora los objetos están fuera de casa, fuera del ámbito familiar; y es entonces cuando viene lo que se llama “crisis de la adolescencia”; que es una “crisis de identificaciones”; es decir el cómo salir de las identificaciones familiares para construir nuevos objetos extrafamiliares.
  • Con lo cual el amor y el sexo entran en conflicto y además los objetos sexuales infantiles tienen que ser abandonados y comenzar de nuevo.
  • Hay una especie de inicio sexual donde al mismo tiempo que la sexualidad infantil y la nueva sexualidad entran en conflicto; también se deben buscar nuevos objetos de identificación, los objetos extrafamiliares van a estar marcados siempre por las elecciones de objeto infantiles. Y esto acrecenta aún más la tensión; entre el goce y el enamoramiento o ternura.
  • Pero todo este momento conflictual no termina ahí; ya que el púber en esa búsqueda de identificaciones más allá de lo familiar, siente una necesidad de liberarse de la autoridad de los padres, donde las generaciones entran en contradiciones.
  • Esto no implica una simple rivalidad con la autoridad, hay una serie de cambios en relación a lo subjetivo; por ejemplo el adolescente empieza a cuestionarse la muerte, la relación con la muerte hasta este momento no se la había planteado, era como que hasta ese momento eran mortales.

 Creo que podemos tener una idea de lo que siente un púber o adolescente; por un lado hay necesidad de ruptura y al mismo tiempo un sentimiento de culpa y una afinidad entre ambas sexualidades.

Por ejemplo ellos pueden rivalizar con sus padres, llegar al insulto; pero luego si en la calle un amigo insulta a sus padres ellos saldrán en su defensa.

 

Resumiendo: aparece un cambio corporal, aparece una nueva exigencia pulsional y el sujeto se pregunta qué hago yo ahora con este cuerpo, qué nuevos objetos construyo ahora después de este cambio; y hay una necesidad de salir de este impass, salir de la estructura de la sexualidad infantil; a esto es a lo que llamamos crisis de la adolescencia.

Los dos puntos más representativos de la adolescencia son por un lado la identidad y por el otro el Otro sexo.

Pero lo que quiero subrayar es que la crisis, las crisis van venir en momentos concretos, momentos que relanzan preguntas y cuestionamientos, que siempre van a ser los mismos: “¿quién soy? ¿Cómo soy? ¿Soy como quién?”, hay muchas dudas.

En cuanto a esa necesidad de contacto, que es estructural del ser humano, el otro día escuche que la pandemia ha promovido el consumo de porno online, pero que en las aplicaciones de citas se habían dado cuenta que muchos usuarios mantenían el uso de esas aplicaciones como lugares de conversación, se ve que el sexo también necesita de algún añadido. Tinder tuvo que recordar a sus usuarios que esa aplicación era para encontrar y tener sexo, no para que hablasen.

La gente quiere sentir intimidad, afecto, amor y ese es el trauma.

Ahora bien no nos podemos quedar paralizados, nostálgicos, pensando qué bonito que era antes de esto. Esa actitud aumenta la desazón.

Hay que ser creativos o como mínimo retomar las actividades ajustándonos a las posibilidades actuales, eso ya es crear.

Una madre me dice que a su hijo en la pandemia se le calló un diente y que estaba triste porque en este  momento de confinamiento el ratón Pérez no podría venir, la madre le propone enviar un email, para decirle que el diente lo van a guardar hasta que la pandemia pase y el ratón Pérez pueda salir de casa.

Freud en “el poeta y los sueños diurnos” postula que “todo niño que juega se conduce como un poeta, creándose un mundo propio, o, más exactamente, situando las cosas de su mundo en un nuevo orden, grato para él…”

Los  instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de deseos, una rectificación de la realidad insatisfactoria”; así pues la construcción es un proceso que unifica el presente con el pasado: “un poderoso suceso actual despierta en el poeta el recuerdo de un suceso anterior, perteneciente casi siempre a su infancia, y de  este parte entonces su deseo”.

Podemos observar y a mí me interesa subrayarlo, que la creación nos habla de una falta, de un vacío, de una ausencia de sentido, también lo es que se necesita de un yo suficientemente constituido, un yo con capacidad de manejo de las pulsiones, un yo fuerte que pueda utilizar el empuje pulsional para dar cuenta de los misterios de su propio inconsciente.

Y para ello es condición sine qua non que haya otro, a quien exponer la obra y en ese acto se establecen lazos afectivos y cognitivos que permite el sentirse reconocido y no aislado.

Hay que combatir el miedo, intentando mantener una cierta normalidad, ella  volverá pero con cambios.

TEXTOS REFERIDOS

Lutereau L. Pandemia y besos exiliados

Ubieto J.R. La subjetividad en peligro

Freud S. Más allá del principio del placer

Freud S. Tres ensayos para una teoría sexual infantil

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